"La regla y vida de los Hermanos Menores es ésta, a saber, guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad. " (San Francisco de Asís)
 
cementerio


¿Quién es el TUNCHI?


“El tunchi es el alma de las personas que mueren. Es el espíritu del muerto o del que está por morir. El que está por morir ya anda silbando, recogiendo sus pasos. Todos los que mueren hacen de tunchi”.

El tunchi se da a conocer de muy diversas maneras. Es famoso su silbido, según sea tunchi bueno, o malo. Su fin,.. fiiin… o fuiiiinn,,, o fuiiiinnn, pone alerta a las personas que lo escuchan. Las noches, por su oscuridad y la soledad, son sus aliados. Primero se le siente lejano; luego, más cerca; y es que le sigue a uno cuando camina; o se le acerca, como si fuera un pajarito, cuando estás sentado. Si se le remeda silbando, se pone de cólera y te hace daño.
En casa se presenta en forma de viento, semejando un poco su sonido. Su presencia está asociada a un bulto blanco que se divisa en la oscuridad. No tiene cabeza y anda en el ai­re como balanceándose, a medio metro de altura. Su cara nun­ca se le ve, pues el que la vea, enferma.” Siempre da su tras. Si es el tunchi de un niño su silbido es muy finito; pero si es de una persona mayor, es grueso; siempre silbido triste.

Todas las historias que nos cuentan tienen un trasfondo común: las personas cuando están vivas van de un lugar a otro, se divierten, están alegres, negocian. En ese ir y ve­nir, en ese trato con las otras personas hacen cosas que a veces molestan a los demás quedando en la persona “algo”, sentimiento de culpabilidad, que no deja en paz. Mientras estamos en vida hay posibilidad de reconciliarse; pero llegada la muerte se ha roto esa posibilidad. Cuando es una persona allegada la que ha muerto, es natural que sintamos el no ha­bernos reconciliado antes, y es quizá por eso que hacemos a­parecer su tunchi, para sentirnos perdonados, reconciliados con él. Es una necesidad nuestra más que del fallecido.

Pero no siempre encontramos esta explicación, aunque sí el sentimiento de culpabilidad, sobre todo cuando el muerto se ha ido con algo que compromete el bien común de su fami­lia. He aquí un relato que hay que leer con esta óptica:

“Si el muerto ha dejado algún secreto segurito que viene. Así, recuerdo un hecho. Una señora, mi vecina, tenía sus hijitos. De la plata que le daba su marido iba ahorrando y lo tenía en una latita. Murió la se­ñora. No le dejaba dormir a su esposo. Todos los días escuchaba los pasos de la difunta. Se lo contó a sus vecinos. Ellos le aconseja­ron que hablase a su señora. Y si no haz una pretina y azótala. Sólo con pretina de isana. Porqué con esto? ¿Cuál es el secreto? Dicen que sólo con eso se le alcanza. Así lo hizo el hombre. Se ­esperó. La veía transparente, y se dio cuenta que venia sólo a llorar.- Bueno, mujer mía, ¿qué cosa quieres? preguntó; ¿por qué no te vas donde Dios te ha puesto?. Y ella: No puedo irme porque tengo una deuda. Saca un secreto que yo escondí en una latita al pie de la cama; con esa plata compra ropa a mis hijos. Lo hizo así y no le molestó mas”.

Cuando se pregunta por qué aparece el tunchi, hay una frase lapidaria que da una respuesta total: “Se aparece pa­ra recoger sus pasos”. Recoger sus pasos tiene un doble sen­tido: el que proviene de los vivos y el de los difuntos.

Si se mira a los difuntos “recoger los pasos” significa: enmendar sus errores, arrepentirse del mal que se ha hecho, especialmente a los demás. Se tarda más o menos tiempo en recoger los pasos, según la cantidad de mal que se ha hecho. Si una persona ha sido muy mala está mucho tiempo vagando. Si ha sido “normal” está ocho días. Quizá de aquí proviene el que la casa en que ha muerto el familiar se abandone por espacio de ocho días a fin de que el difunto, su tunchi, viva en ella durante esos días recogiendo sus pasos. Los familiares quedan como aliviados.

Si se mira a los sanos, “recoger los pasos” significa ha­cerse perdonar lo que en vida no pudo ser perdonado por el muerto: “No quiero que me moleste mas; le he perdonado y quiero que él me perdone”. Hasta tanto no se tenga la sensación de haber sido perdonado, el tunchi del difunto molesta.
El sueño está muy ligado al tunchi; como, en general, está ligado a la vida del loretano. Se sueña al hijo ausente, se sueña al enfermo, al que ha de nacer, a la persona enemi­ga; se sueña también al difunto. Mejor: el difunto nos hace soñar.

“El tunchi me hizo soñar que nunca me va­ya por ese lugar. El día que murió mi tío no quise quedarme en su casa; y como ese día tu­ve que hacer mis ejercicios, me quedo sola en la sala; pero yo me sentía nerviosa. Todo ruido que escuchaba me asustaba. No podía ni voltearme a ningún lado. No sé como, al voltearme para ir a acostarme, vi que alguien se esconde debajo la mesa. Para mi fue un susto tremendo que grité hasta despertar a mis hermanitos. Cuando me fui a mi cama me quede bien dormida; y resulta que al poco rato sen­tí un solo lapo en mi cara, y el dolor era bien fuerte y no me podía calmar. Nuevamente me dormí, y mi tío me hizo soñar que él me dio ese lapo porque le tengo mucho miedo. Desde ese día ya no tengo miedo”(Escrito por una joven de 21 años).

No hay que confundir el tunchi con el maligno. Este es el espíritu del mal y siempre trata de hacer daño. Llega su maldad hasta tratar de suplantar al tunchi y “colarse” por él en el cielo, tal como aparece en varios relatos. El tunchi puede producir desmayos, mareos y luego hace soñar que se libra de la muerte por tal circunstancia. El maligno, en cambio, pue­de causar hasta la muerte.

Con frecuencia se habla del embrujo de la selva, de esa fascinación que embarga a las personas que habitan en ella. Este embrujo penetra de modo especial, en las personas que llegamos de fuera. Las gentes de la selva, su forma de mirar, su modo de ser, su idiosincrasia, la misma naturaleza, todo unido forma parte del embrujo. Decir “yo no creo nada de es­to”, es un alivio que fácilmente empleamos ante los demás, como si ello nos hiciera mas fuertes. Pero cuando te adentras solo en la selva, aunque sean pocos metros, ese silencio sonoro propio de la espesura, se apodera de ti, y más de dos y tres veces se regresa con la carne de gallina, un tanto espantado ante esos “ruidos silenciosos”.

El tunchi, ¿creencia, mito, leyenda, realidad?

(Del libro  "34 Años en la Amazonía Peruana", por Mons. Víctor de la Peña, anterior obispo del Vicariato de Requena)


iglesiapunga
Iglesia de Flor de Punga
iglesiatamanco
Iglesia de Tamanco
iglesia5
Iglesia de Santa Fé
iglesiaacuracay
Iglesia de Acuracay
iglesiasintico
Iglesia de Sintico
iglesia4
Iglesia de Palmira
Franciscanos en el mundo. Lucha contra la pobreza.  Cuidado de la Creación. Justicia y Paz.
© 2019 Parroquia La Inmaculada. Flor de Punga. Vicariato de Requena. Loreto. Perú._(Joomla!)